Núcleo oscuro de un cometa expulsando chorros de gas y polvo iluminados por el Sol

Los cometas: hielo antiguo que se activa al acercarse al Sol

Por Equipo editorial de SimplaoActualizado el 17 de julio de 2026Lectura aproximada: 4 min

Un cuerpo pequeño de hielo, polvo y roca, no una bola de nieve limpia

Un cometa es un cuerpo pequeño del Sistema Solar que contiene hielos, polvo, roca y compuestos orgánicos y que, al calentarse cerca del Sol, libera gas y partículas. El núcleo suele ser oscuro porque su superficie está cubierta por materiales ricos en carbono. Lejos del Sol puede parecer un objeto casi inerte; al aproximarse, los hielos se subliman, es decir, pasan directamente de sólido a gas, y forman una atmósfera difusa llamada coma. La actividad puede comenzar a gran distancia si compuestos muy volátiles escapan antes que el hielo de agua.

El núcleo puede medir desde menos de un kilómetro hasta decenas. Su gravedad es débil y su forma suele ser irregular. El cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, visitado por Rosetta, posee dos lóbulos unidos, probablemente resultado de una colisión lenta entre cuerpos. Hablar de escombros helados es más exacto que imaginar una esfera compacta: poros, fracturas y capas controlan dónde aparecen chorros y cómo cambia la rotación.

Las colas apuntan aproximadamente en dirección contraria al Sol

El polvo liberado recibe presión de la luz solar y forma una cola ancha y curvada que conserva parte del movimiento orbital. El gas ionizado interactúa con el viento solar y crea una cola de plasma más recta. Por eso un cometa puede mostrar dos colas con direcciones distintas. No quedan siempre detrás como la estela de un avión: cuando el cometa se aleja, las colas pueden situarse por delante de su movimiento porque su orientación depende del Sol.

También existe una envoltura de hidrógeno muy extensa, detectable en ultravioleta. La actividad no es uniforme: ciertas zonas reciben luz, se abren fracturas o exponen hielos frescos. Chorros asimétricos ejercen pequeñas fuerzas que alteran la órbita y la rotación. Predecir el brillo de un cometa es difícil porque dos núcleos de tamaño parecido pueden liberar cantidades de material muy diferentes o fragmentarse inesperadamente.

Cometas de periodo corto y largo proceden de reservorios distintos

Muchos cometas de periodo corto están vinculados al cinturón de Kuiper y al disco disperso, más allá de Neptuno. Los de periodo largo llegan desde la nube de Oort, una población esférica hipotética que podría extenderse a decenas de miles de unidades astronómicas. Encuentros estelares y mareas galácticas perturban lentamente sus órbitas y envían algunos hacia el interior.

La órbita observada no siempre conserva el origen intacto. Los planetas gigantes, sobre todo Júpiter, pueden capturar, expulsar o acortar trayectorias. Un cometa periódico pierde material en cada paso cercano al Sol y puede terminar apagado, fragmentado o convertido en un objeto difícil de distinguir de un asteroide. Las categorías describen composición y actividad, pero existe una transición continua entre pequeños cuerpos.

Guardan materiales de la formación planetaria, no fósiles sin alterar

Los cometas se formaron en regiones frías hace unos 4.600 millones de años. Conservan agua, monóxido y dióxido de carbono, moléculas orgánicas y minerales que registran condiciones tempranas. Sin embargo, calentamientos, impactos y radiación han modificado sus superficies. Una muestra no representa necesariamente todo el núcleo, y un cometa no es una cápsula idéntica al disco protoplanetario original.

La misión Stardust devolvió a la Tierra partículas del cometa Wild 2 y encontró minerales formados a alta temperatura. Eso implica que hubo transporte de material desde regiones próximas al joven Sol hacia zonas frías. Rosetta midió gases y polvo de 67P durante más de dos años. La proporción de deuterio de su agua no coincide con la terrestre, dato que impide atribuir a cometas como 67P todo el suministro de los océanos.

Acercarse revela una superficie muy distinta de la coma luminosa

Giotto fotografió el núcleo de Halley en 1986; Deep Impact lanzó un proyectil contra Tempel 1; Stardust recogió partículas; Rosetta orbitó 67P y desplegó el módulo Philae. Cada misión respondió preguntas diferentes. Philae rebotó y quedó en una zona con poca luz, pero sus instrumentos obtuvieron datos. La dificultad de navegar alrededor de un objeto pequeño, activo e irregular fue parte del resultado científico.

Las imágenes muestran acantilados, pozos, bloques y llanuras de polvo. No son paisajes modelados por lluvia o tectónica terrestre, sino por sublimación, fracturas, caída de material y cambios térmicos. Comparar varios cometas es imprescindible: 67P no es el molde universal. Próximas misiones pretenden interceptar objetos menos alterados o devolver muestras criogénicas que conserven gases volátiles.

Sus restos producen lluvias de meteoros y algunos cruzan la órbita terrestre

El polvo dejado a lo largo de una órbita forma corrientes. Cuando la Tierra atraviesa una, las partículas entran en la atmósfera y producen lluvias como las Perseidas o Leónidas. El meteoro es el destello; el meteoroide, la partícula en el espacio. El cometa progenitor puede estar muy lejos cuando ocurre la lluvia. Esta relación conecta objetos de kilómetros con granos menores que arena.

Núcleos y fragmentos también pueden impactar planetas. Las redes de defensa planetaria calculan órbitas y actualizan riesgos conforme llegan observaciones; descubrir un objeto no equivale a anunciar una colisión. Frente a los asteroides del cinturón principal, los cometas suelen tener más volátiles y órbitas diferentes, aunque la frontera física no siempre es nítida. Son archivos dinámicos: pierden material, cambian de ruta y nos enseñan cómo se mezcló el joven Sistema Solar.