Galaxia elíptica gigante M87 observada por Hubble, con su núcleo luminoso y un chorro azulado

Las galaxias elípticas: nubes de estrellas con memoria antigua

Por Equipo editorial de SimplaoActualizado el 15 de julio de 2026Lectura aproximada: 4 min

Una galaxia sostenida por órbitas, no por un disco frío

Una galaxia elíptica es un sistema estelar de apariencia redonda u ovalada, sin brazos espirales ni un disco dominante de estrellas jóvenes. Sus estrellas recorren órbitas en muchas direcciones, y la dispersión de velocidades ayuda a sostener su volumen tridimensional durante miles de millones de años. La clase abarca desde enanas hasta gigantes que dominan cúmulos enteros. Muchas contienen poblaciones antiguas y poco gas frío, pero no son fósiles idénticos ni están completamente muertas: algunas guardan polvo, gas o formación estelar residual.

La secuencia de Hubble las etiqueta E0 a E7 según su elipticidad proyectada. Una E0 parece circular y una E7 alargada. La imagen es bidimensional: una forma esférica, achatada o triaxial puede proyectarse de modo parecido, así que la letra no revela por sí sola su estructura real.

Una curva suave esconde gradientes y materia oscura

El brillo suele concentrarse hacia el centro y disminuir sin los brazos o anillos de una espiral. El perfil de Sérsic describe esa caída mediante un parámetro de forma. Gigantes pueden mostrar núcleos aplanados, quizá excavados por pares de agujeros negros, mientras elípticas menos masivas presentan centros más densos.

Espectros integrados revelan edad, abundancias y velocidades de millones de estrellas. Las regiones centrales suelen ser más ricas en elementos pesados. A grandes radios, cúmulos globulares, nebulosas planetarias y lentes gravitatorias trazan masa difícil de ver. Como en galaxias enanas, separar órbitas y materia oscura requiere modelos y varios tipos de observación.

Roja no significa que nunca haya tenido estrellas azules

Las estrellas masivas azules viven poco. Si cesa la formación, desaparecen pronto y queda luz dominada por estrellas de larga vida más rojas. Por eso muchas elípticas ocupan la secuencia roja de los diagramas de galaxias. Su color también depende de metales y polvo; no funciona como reloj sencillo.

Una población antigua indica que gran parte de sus estrellas se formó hace tiempo, no necesariamente que la galaxia adquirió entonces su forma actual. Sistemas ya viejos pueden fusionarse después sin fabricar muchas estrellas, una fusión seca. Así la edad estelar y la fecha de ensamblaje son preguntas distintas.

Las colisiones desordenan discos y construyen cuerpos mayores

Cuando galaxias de masa comparable se fusionan, fuerzas de marea y relajación violenta redistribuyen órbitas. Si contienen gas, este pierde momento, cae al centro y alimenta un brote estelar o un agujero negro. Después, feedback y consumo pueden dejar un remanente de apariencia elíptica. Colas y capas débiles conservan huellas durante un tiempo.

No todas nacen de una única gran colisión. Acreciones menores hacen crecer las zonas externas; elípticas compactas del universo temprano pudieron aumentar tamaño mediante muchas fusiones. Algunas enanas se transforman por el ambiente. La acreción de galaxias forma una historia jerárquica con caminos distintos hacia una forma parecida.

Tener poco gas frío no significa estar vacío

Elípticas masivas pueden estar envueltas por gas a millones de grados que emite rayos X. Estrellas envejecidas devuelven material, y el halo gravitatorio lo retiene. Para formar estrellas, el gas debe enfriarse y condensar; supernovas, movimientos y actividad del agujero negro pueden mantenerlo caliente.

En galaxias centrales de cúmulos, chorros del agujero negro inflan cavidades y calientan el medio. Si el enfriamiento aumenta, algo de gas cae y alimenta actividad y nuevas estrellas; esa actividad vuelve a frenar la caída. No es un termostato perfecto, pero explica por qué cantidades enormes de gas caliente no producen la formación esperada sin feedback.

Qué cuentan sobre el crecimiento de estructuras

La relación entre masa, tamaño y velocidad estelar forma el plano fundamental, útil para comparar evolución y estimar distancias. Las abundancias de elementos alfa frente a hierro indican cuánto duró el episodio de formación: un enriquecimiento rápido deja una firma distinta al prolongado. Cúmulos globulares azules y rojos registran componentes adquiridos y formados en etapas diferentes.

Telescopios espaciales observan progenitores compactos a alto corrimiento al rojo y restos cercanos con detalle. Ninguna fotografía sola demuestra una fusión; se combinan cinemática, edades, gas y entorno. Las elípticas son archivos mezclados: parecen suaves porque miles de millones de órbitas han borrado brazos visibles, pero guardan en química, halos y agujeros negros la memoria de colisiones, brotes y periodos de calma que construyeron las mayores concentraciones de estrellas del universo.

La galaxia M87, en el centro del cúmulo de Virgo, reúne varias escalas del problema. Su halo estelar es enorme, contiene miles de cúmulos globulares y alberga el agujero negro cuya sombra fotografió el Event Horizon Telescope. Un chorro visible se extiende miles de años luz y deposita energía en gas circundante. M87 no representa a todas las elípticas, pero muestra cómo una galaxia central crece por acreción y se acopla al medio del cúmulo. Medir movimientos de estrellas y cúmulos permite separar masa de la galaxia, materia oscura y potencial colectivo.

Las enanas elípticas pueden parecer versiones reducidas, pero no siguen simplemente las mismas relaciones escaladas. Algunas se forman al perder gas en cúmulos; otras conservan núcleos o discos tenues que revelan un pasado diferente. Las lenticulares poseen disco y bulbo pero pocos brazos y poca formación, ocupando una frontera morfológica. Compararlas con galaxias lenticulares muestra por qué clasificar solo desde una imagen puede mezclar dinámicas. Espectros bidimensionales permiten reconstruir rotación y dispersión y descubrir el disco oculto bajo una distribución aparentemente lisa.

El entorno completa la explicación. En cúmulos densos abundan sistemas apagados porque gas caliente, encuentros rápidos y presión de arrastre dificultan conservar combustible frío. Fuera de ellos existen elípticas aisladas con historias diferentes. Correlación entre forma y entorno no demuestra un mecanismo único, pero permite comparar qué procesos actúan en grupos, cúmulos y campo.