Las sondas Voyager: mensajeras humanas rumbo al espacio interestelar

Por Equipo editorial de SimplaoActualizado el 2 de agosto de 2026Lectura aproximada: 4 min

Voyager 1 y 2 son gemelas, pero recorrieron historias distintas

Voyager 1 y Voyager 2 son sondas de la NASA lanzadas en 1977 para explorar los planetas exteriores y continuar después hacia el espacio interestelar. Voyager 2 despegó primero, el 20 de agosto, por una trayectoria más lenta; Voyager 1 salió el 5 de septiembre y tomó una ruta rápida. Sus nombres reflejan el orden previsto de llegada a Júpiter, no el lanzamiento. Lo que empezó como una misión planetaria se convirtió en el único experimento directo que ha medido durante años el medio situado al otro lado de la heliopausa.

Las dos aprovecharon una alineación planetaria poco frecuente y asistencias gravitatorias. Al pasar junto a un planeta, intercambiaron energía orbital y cambiaron velocidad y dirección sin gastar el combustible que habría exigido una maniobra equivalente. La misión original cubría Júpiter y Saturno. El éxito de Voyager 2 permitió extender su recorrido a Urano y Neptuno, visitados por ninguna otra nave hasta hoy.

Una ruta priorizó Titán; la otra completó el gran recorrido planetario

Voyager 1 pasó por Júpiter en 1979 y Saturno en 1980. Su encuentro cercano con Titán reveló una atmósfera densa, pero desvió la sonda fuera del plano de los planetas e hizo imposible continuar a Urano. Observó volcanes activos en Ío, estructuras de anillos y lunas con superficies inesperadas.

Voyager 2 llegó a Júpiter en 1979, Saturno en 1981, Urano en 1986 y Neptuno en 1989. Descubrió anillos, lunas y campos magnéticos; en Tritón observó penachos activos. La trayectoria dependía de cada encuentro previo: una navegación imprecisa en Júpiter habría propagado el error durante años. Equipos ajustaron rumbo con pequeñas maniobras y radiometría desde la Red de Espacio Profundo.

Cámaras, partículas, plasma y campos cubrían preguntas complementarias

Las naves llevaban cámaras, espectrómetros infrarrojos y ultravioletas, fotopolarímetro, magnetómetros y detectores de plasma, partículas cargadas, rayos cósmicos, ondas de plasma y radio. Tras la fase planetaria, cámaras y varios instrumentos se apagaron para ahorrar energía. En el medio interestelar importan especialmente campos, partículas y ondas, no fotografiar estrellas lejanas.

Cada sonda transmite con una antena de alta ganancia de 3,7 metros y potencia diminuta. Las estaciones terrestres integran señales débiles durante largos periodos. La distancia introduce muchas horas entre comando y respuesta, así que no existe control en tiempo real. Los ordenadores de a bordo tienen memoria y capacidad ínfimas frente a un teléfono moderno, pero software, redundancia y procedimientos han permitido resolver fallos décadas después.

Cruzar la heliopausa no significa haber abandonado el Sistema Solar

El viento solar crea la heliosfera, una burbuja de plasma y campo magnético. Voyager 1 cruzó la heliopausa en 2012 y Voyager 2 en 2018, detectando cambios en partículas, plasma y campo. Desde entonces operan en espacio interestelar, entendido como el medio más allá de esa frontera dominada por el Sol.

Siguen dentro de la influencia gravitatoria solar y muy lejos del borde exterior de la nube de Oort. Por eso son correctas las frases fuera de la heliosfera y en espacio interestelar, pero resulta engañoso decir que ya salieron del Sistema Solar en todos los sentidos. Voyager 2 aportó además una medición directa del plasma a ambos lados de la frontera porque su instrumento correspondiente seguía activo entonces.

La energía disminuye cada año y obliga a apagar instrumentos de forma selectiva

Tres generadores termoeléctricos de radioisótopos convierten calor de plutonio-238 en electricidad. El combustible sigue produciendo calor, pero la potencia eléctrica cae por decaimiento y degradación de termopares. Los equipos reducen calefacción, reconfiguran sistemas y apagan instrumentos para mantener algunos datos científicos y comunicaciones el mayor tiempo posible.

En agosto de 2026 ambas misiones continúan activas fuera de la heliosfera. NASA actualiza qué instrumentos siguen encendidos y puede cambiar ese estado para conservar potencia; por eso una lista copiada envejece rápido. El 17 de abril de 2026 se apagó en Voyager 1 el detector de partículas cargadas de baja energía, dejando operativos su magnetómetro y sistema de ondas de plasma. Voyager 2 mantiene una configuración distinta. Las decisiones priorizan ciencia única y supervivencia del sistema.

Su mayor logro es una serie de descubrimientos y mediciones que nadie diseñó para durar medio siglo

El Disco de Oro lleva sonidos, imágenes y saludos seleccionados como mensaje cultural, pero no es el objetivo científico principal ni se dirige a un receptor conocido. Las sondas no pasarán cerca de otra estrella durante decenas de miles de años. Su valor actual está en medir un entorno inaccesible para cualquier otra nave y enseñar cómo envejece tecnología en condiciones extremas.

Las Voyager transformaron mundos que eran puntos en mapas geológicos y atmosféricos, y luego convirtieron la frontera solar en un lugar medible. Su longevidad no elimina límites: instrumentos fallan, la señal se debilita y llegará un momento en que no pueda sostenerse ciencia. Aun entonces, sus archivos seguirán siendo comparables con futuras misiones. Para seguir el estado real conviene consultar la NASA y situarlo dentro de el Sistema Solar, no repetir cifras de distancia o instrumentos sin fecha.

La distancia obliga a una gestión cuidadosa de errores. Un comando tarda muchas horas en llegar y la confirmación otras tantas; durante una pausa de comunicaciones la nave debe conservar orientación y energía por sí misma. En 2023, una orden desvió la antena de Voyager 2 y el contacto se recuperó mediante una señal de máxima potencia y reorientación automática. La recuperación mostró robustez, pero también que cada intervención sobre equipos envejecidos se prueba con enorme cautela.