Las arqueas: un dominio de vida que durante siglos confundimos con bacterias

Por Equipo editorial de SimplaoActualizado el 29 de julio de 2026Lectura aproximada: 5 min

Las arqueas son células sin núcleo, pero no pertenecen al dominio de las bacterias

Las arqueas son microorganismos unicelulares que forman una rama evolutiva distinta de Bacteria y Eukarya. Como las bacterias, suelen carecer de núcleo y orgánulos membranosos, por lo que ambas se agrupan descriptivamente como procariotas. Sin embargo, comparar ARN ribosómico, genomas, membranas y maquinaria molecular revela una separación profunda. «Procariota» describe organización celular; no sustituye el parentesco. Muchas viven en ambientes ordinarios y sostienen ciclos químicos esenciales, aunque durante años se las asociara casi solo con extremos.

Carl Woese y George Fox analizaron secuencias de ARN ribosómico en la década de 1970 y encontraron que ciertos metanógenos no encajaban dentro de las bacterias. La propuesta condujo al esquema de tres dominios: Bacteria, Archaea y Eukarya. La forma exacta del árbol profundo sigue investigándose, sobre todo por la relación entre arqueas y eucariotas, pero la singularidad de las arqueas está firmemente establecida.

Sus lípidos utilizan enlaces y componentes diferentes de los bacterianos y eucariotas

En bacterias y eucariotas, los ácidos grasos suelen unirse al glicerol mediante enlaces éster. Las arqueas construyen membranas con cadenas isoprenoides unidas por enlaces éter y una orientación distinta del glicerol. Algunas forman una bicapa; otras, especialmente adaptadas a calor o acidez, emplean lípidos que atraviesan toda la membrana y crean una monocapa resistente. No todas comparten exactamente la misma composición.

Sus paredes celulares tampoco contienen peptidoglucano bacteriano. Pueden estar hechas de capas de proteínas o polisacáridos; ciertos grupos poseen pseudomureína, parecida en aspecto pero químicamente distinta. Estas diferencias explican por qué antibióticos que bloquean peptidoglucano no actúan igual sobre arqueas. Aun así, no son invulnerables: virus, cambios ambientales y sustancias específicas afectan sus estructuras y metabolismo.

La gestión de la información combina rasgos propios con semejanzas llamativas a los eucariotas

La replicación del ADN, la transcripción y el empaquetamiento cromosómico de muchas arqueas usan proteínas más parecidas a las eucariotas que a sus equivalentes bacterianas. Sus ARN polimerasas son complejas, y varias arqueas emplean histonas para organizar ADN. Los ribosomas siguen siendo de tipo procariota en tamaño general, pero sus componentes y factores revelan una historia distinta.

Esto no convierte a una arquea moderna en un eucariota incompleto. Cada linaje ha evolucionado durante miles de millones de años. Las células eucariotas combinan herencias: buena parte de su sistema de información tiene afinidad arqueana, mientras la mitocondria procede de una bacteria endosimbionte. Comparar estas piezas ayuda a reconstruir parentescos, pero no permite ordenar los dominios desde primitivo hasta avanzado.

Viven en aguas termales y salinas, pero también en océanos, suelos y organismos

Las primeras especies estudiadas incluían amantes del calor, la sal o ambientes sin oxígeno, y eso fijó la imagen de extremófilas. Algunas arqueas prosperan por encima de 80 grados, a pH muy bajo o en salmueras concentradas gracias a proteínas y membranas adaptadas. Pero secuenciación ambiental ha mostrado arqueas abundantes en mares templados, sedimentos, suelos, plantas y microbiomas animales.

En océanos, grupos oxidadores de amoníaco participan en el ciclo del nitrógeno y pueden representar una fracción importante del plancton microscópico. En suelos intervienen en nitrificación y transformación de carbono. En el intestino humano aparecen metanógenos que consumen hidrógeno producido por otros microbios. Detectar una secuencia no indica necesariamente enfermedad ni actividad; para saber qué hacen se combinan genómica, cultivo, química e imágenes.

Solo arqueas conocidas producen metano biológicamente mediante metanogénesis

La metanogénesis obtiene energía al reducir dióxido de carbono con hidrógeno o al transformar acetato y compuestos metilados, según el grupo. Requiere ausencia de oxígeno y coenzimas particulares. Ocurre en humedales, sedimentos, digestores, arrozales y aparatos digestivos de rumiantes. Las arqueas metanógenas no crean todo el metano del planeta: también existen fuentes geológicas y combustión incompleta.

Otros microbios cooperan al producir los sustratos que los metanógenos consumen. A la inversa, consorcios de arqueas y bacterias pueden oxidar metano sin oxígeno antes de que llegue al agua o la atmósfera. Estas asociaciones hacen que el impacto climático no dependa solo de cuántas arqueas haya. Su actividad se inserta en redes de nutrientes, temperatura, transporte y disponibilidad de aceptores de electrones.

Las arqueas de Asgard son los parientes procariotas conocidos más cercanos de los eucariotas

Genomas recuperados de sedimentos revelaron linajes de Asgard con proteínas relacionadas con citoesqueleto, tráfico de membranas y ubiquitina, antes consideradas exclusivas de eucariotas. Los análisis sitúan a eucariotas dentro de Archaea o como grupo hermano muy próximo a Asgard, según genes y métodos. El detalle exacto sigue debatido, pero el vínculo arqueano del hospedador ancestral es una idea central.

El escenario más apoyado combina un hospedador de ascendencia arqueana con una bacteria que terminó convertida en mitocondria. No sabemos una secuencia completa de pasos ni existe una arquea actual idéntica al ancestro. Asgard ilumina componentes disponibles, no una película del acontecimiento. Su estudio conecta ecología microbiana con el origen y evolución de la complejidad celular, mostrando que lo familiar puede nacer de asociaciones entre ramas muy distintas.

Gran parte de la diversidad arqueana se conoce por ADN ambiental y todavía no crece en cultivo puro

Extraer y secuenciar ADN de una muestra permite reconstruir genomas sin aislar cada organismo. Estos metagenomas revelan rutas metabólicas y parentescos, pero ensamblar fragmentos puede mezclar señales y un gen presente no demuestra que esté activo. Cultivar aporta experimentos directos, aunque reproducir presión, nutrientes y asociaciones del ambiente resulta difícil. Algunas arqueas dependen de otros microbios y no encajan en la idea de una especie aislada.

Las arqueas también tienen virus con formas y ciclos poco habituales, especialmente en ambientes extremos. Estudiarlos descubre defensas celulares, intercambio genético y límites de la vida. No se conoce ninguna arquea confirmada como patógeno humano primario, pero eso no significa que sean irrelevantes para salud: pueden modificar comunidades y metabolitos. El dominio combina funciones planetarias conocidas con una enorme cantidad de biología aún por describir.