¿Qué es?
La evolución es un proceso universal de cambio gradual que afecta a todos los seres vivos y a los objetos del mundo natural. En biología pensamos en la evolución como el proceso por el que surgió la vida en la Tierra y que ha dado lugar a la enorme diversidad de organismos actuales. Este proceso, descrito por Charles Darwin, se basa en la idea de que los seres vivos cambian con el tiempo y se adaptan a su entorno mediante pequeñas variaciones heredables que son seleccionadas generación tras generación.
¿Qué explica?
La teoría de la evolución por selección natural explica cómo aparecen nuevas especies y por qué los organismos están tan bien adaptados a sus ambientes. Darwin recopiló numerosos ejemplos y su mayor aportación fue proponer la selección natural como motor del cambio: los individuos más aptos dejan más descendencia y sus características se extienden en la población. La evolución es la base de disciplinas como la genética y la ecología y nos permite comprender fenómenos como la resistencia a los antibióticos, la domesticación de plantas y animales y la conservación de la biodiversidad.
Curiosidades
El estudio de la evolución se divide en macroevolución y microevolución. La macroevolución examina las relaciones entre especies y grupos mayores a lo largo de millones de años, apoyándose en la paleontología y la biogeografía; la microevolución observa cambios en poblaciones de una misma especie a lo largo de cientos o miles de años. Aunque la evolución suele requerir periodos muy largos, existen ejemplos de evolución en tiempo real, como la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos o insectos que se adaptan a pesticidas. Hoy algunos científicos utilizan la “evolución experimental” para estudiar estos procesos en el laboratorio.
Además hay algo muy curioso, la evolución convergente. Este fenómeno se da cuando especies muy distantes desarrollan rasgos similares de forma independiente porque se adaptan a ambientes o estilos de vida parecidos. Por ejemplo, el vuelo evolucionó de manera separada en los pterosaurios, las aves y los murciélagos: todos desarrollaron alas, pero sus antepasados eran diferentes. Otro caso es el de los marsupiales australianos y los mamíferos placentarios de otros continentes, que ocupan nichos ecológicos similares y han evolucionado cuerpos parecidos.