La evapotranspiración: agua que vuelve al aire desde suelo y plantas

Por Equipo editorial de SimplaoActualizado el 26 de julio de 2026Lectura aproximada: 4 min

La evapotranspiración suma la evaporación de superficies y la transpiración vegetal

La evapotranspiración es la transferencia conjunta de agua hacia la atmósfera por evaporación desde suelo, agua e intercepciones, y por transpiración de las plantas. La lluvia que queda sobre hojas puede evaporarse antes de tocar el terreno; el agua del suelo asciende como vapor; y las raíces absorben otra parte que recorre la planta y sale por los estomas. En una parcela es difícil separar continuamente ambos caminos, por eso se estudian juntos como un flujo.

Se expresa a menudo como milímetros de agua durante un periodo. Un milímetro equivale a un litro por metro cuadrado, lo que permite compararla con precipitación y riego. No significa que una lámina visible haya desaparecido de manera uniforme: resume un volumen repartido sobre el área. Dentro de el ciclo del agua, este retorno conecta suelo y vegetación con humedad atmosférica, nubes y transporte de vapor.

Para evaporarse, el agua necesita energía y una atmósfera capaz de recibir vapor

La radiación solar aporta gran parte de la energía que rompe interacciones entre moléculas y permite el cambio de líquido a vapor. Ese proceso consume calor latente y puede enfriar hojas y superficie. La temperatura influye porque el aire cálido admite mayor presión de vapor, pero por sí sola no determina el flujo. Importan la diferencia de humedad entre superficie y aire, el viento que retira vapor acumulado y la turbulencia que lo transporta.

Un día soleado, seco y ventoso suele crear una demanda atmosférica alta. Si el suelo ofrece agua, la evapotranspiración puede crecer; si está seco o la planta cierra estomas, la oferta limita el proceso. Por eso “potencial” y “real” no son iguales. La atmósfera puede tener capacidad para extraer mucho vapor mientras el ecosistema apenas libera agua. Confundir demanda con consumo efectivo lleva a sobreestimar pérdidas durante una sequía severa.

Los estomas intercambian CO2 por agua y ajustan ese coste

Las plantas abren poros microscópicos llamados estomas para permitir la entrada de dióxido de carbono necesario en fotosíntesis. Al hacerlo, el interior húmedo de la hoja pierde vapor. La apertura responde a luz, concentración de CO2, humedad, temperatura, disponibilidad de agua y señales hormonales. Cerrar reduce la pérdida, pero también limita la captura de carbono. La transpiración no es un desperdicio accidental: participa en transporte de minerales y refrigeración, aunque impone un coste hídrico.

La especie, área foliar, altura, etapa de crecimiento y profundidad de raíces cambian la respuesta. Un cultivo joven deja suelo expuesto y predomina evaporación; al cerrar el dosel, aumenta la fracción transpirada. Tras la lluvia, la superficie húmeda puede evaporar rápido y luego formar una capa seca que frena el flujo. Dos parcelas bajo el mismo tiempo atmosférico pueden tener valores distintos por cobertura, manejo, salinidad y acceso de las raíces al agua.

La evapotranspiración de referencia separa la demanda meteorológica del comportamiento de cada cultivo

La FAO define una superficie vegetal hipotética bien regada y calcula su evapotranspiración de referencia, ET0, mediante el método Penman-Monteith. Usa radiación, temperatura, humedad y viento. ET0 no es el agua consumida por cualquier campo: sirve como patrón climático comparable. Para estimar la evapotranspiración de un cultivo en condiciones estándar se multiplica por un coeficiente, Kc, que cambia con especie y fase de desarrollo.

Cuando falta agua, hay enfermedades o el suelo limita raíces, la evapotranspiración real queda por debajo de esa estimación estándar. Los coeficientes tampoco son universales al detalle: manejo, clima local y cobertura alteran sus valores. Esta jerarquía evita frases ambiguas. ET0 describe demanda de una referencia; ETc aproxima un cultivo sano y bien abastecido; ET real refleja lo que ocurrió bajo las restricciones presentes. Cada magnitud responde a una pregunta distinta.

Lisimetría, balances, torres y satélites observan partes diferentes del mismo flujo

Un lisímetro pesa un bloque de suelo con vegetación y registra pérdida de agua, corrigiendo lluvia y drenaje. El balance hídrico estima evapotranspiración como la diferencia entre entradas, salidas y cambio de almacenamiento. Las torres de covarianza de remolinos miden intercambios turbulentos de vapor y energía sobre un área. También se usan relaciones de balance energético, temperatura superficial y modelos meteorológicos. Ningún método es perfecto para todas las escalas.

Los satélites observan radiación, temperatura y estado de la vegetación para construir mapas, pero necesitan modelos y validación terrestre. Una superficie caliente puede indicar poca evaporación porque falta enfriamiento latente, aunque nubosidad, suelo y geometría complican la interpretación. Las estimaciones difieren por resolución y supuestos. Compararlas exige comprobar periodo, área, lluvia y definición utilizada, no elegir automáticamente la cifra con más decimales.

Conocer el flujo permite reponer agua sin confundir necesidad potencial con consumo

En agricultura, ET0 y coeficientes ayudan a programar riego junto con humedad del suelo, pronóstico y eficiencia del sistema. Reponer exactamente la evapotranspiración no siempre es deseable: la lluvia prevista, raíces profundas o estrategias de riego deficitario cambian la decisión. Aplicar de más desperdicia agua, lixivia nutrientes y puede asfixiar raíces; aplicar de menos reduce crecimiento. La medida útil convierte demanda atmosférica en un balance ajustado al cultivo y al suelo.

A escala regional, la evapotranspiración influye en sequías, caudales y temperatura de la superficie. Más calor puede aumentar demanda atmosférica, pero la respuesta real depende del agua disponible y de cambios en vegetación. Un bosque puede reciclar vapor que después contribuye a precipitación en otra zona, sin que cada litro vuelva localmente. Estudiar el proceso obliga a conectar energía y agua: muestra por qué una sequía no es solo falta de lluvia y por qué el calentamiento puede secar un terreno sin retirar agua directamente.