Fotografía histórica de una multitud dispersándose por una avenida durante la Revolución rusa

La Revolución rusa: el zarismo cayendo ante guerra y hambre

Por Equipo editorial de SimplaoActualizado el 15 de julio de 2026Lectura aproximada: 4 min

En 1917 hubo dos revoluciones y meses de poder disputado

La Revolución rusa de 1917 comenzó con el derrumbe del zar Nicolás II en febrero y continuó con la toma del poder por los bolcheviques en octubre, según el calendario juliano usado entonces en Rusia. Entre ambos momentos coexistieron un Gobierno Provisional y consejos de obreros y soldados llamados sóviets. Guerra, hambre, tierra y autoridad militar impidieron estabilizar el país. No fue un levantamiento único dirigido desde el principio por Lenin, ni una transición inevitable desde el atraso hacia el comunismo.

Las fechas aparecen también como marzo y noviembre en el calendario gregoriano occidental. Llamarlas febrero y octubre conserva el nombre histórico. Distinguir las fases evita atribuir al Gobierno bolchevique decisiones tomadas antes o confundir la caída del zar con el nacimiento de la Unión Soviética.

El ensayo de 1905 dejó instituciones y heridas

La industrialización había concentrado obreros en ciudades mientras la mayoría campesina reclamaba tierra. En 1905, una marcha pacífica hacia el Palacio de Invierno fue atacada en el Domingo Sangriento. Huelgas, motines y revueltas obligaron al zar a prometer una Duma, pero conservó amplios poderes y disolvió cámaras cuando se opusieron.

También surgieron sóviets como órganos de coordinación. Reformas agrarias de Stolypin intentaron crear propietarios estables, con resultados desiguales. Represión y concesiones recuperaron control, pero no resolvieron representación, condiciones laborales o reparto de tierras. Esa experiencia aportó memoria, redes y tácticas a 1917.

La Primera Guerra Mundial agotó abastecimiento y legitimidad

Rusia movilizó millones de soldados desde 1914 y sufrió derrotas, bajas, inflación y transporte colapsado. La producción agrícola no desapareció, pero ferrocarriles y distribución fallaban; Petrogrado padecía colas de pan y combustible. Nicolás II asumió el mando militar en 1915, vinculando su prestigio directamente a la guerra, mientras la corte quedaba asociada a rumores sobre Rasputín.

En febrero de 1917, protestas de trabajadoras por pan coincidieron con huelgas. Tropas enviadas a reprimir se amotinaron y se unieron. Generales y políticos concluyeron que el zar no podía restaurar orden; Nicolás abdicó. La monarquía de tres siglos cayó en días porque instituciones decisivas retiraron obediencia, no porque un pequeño grupo asaltara el palacio.

Un gobierno con autoridad formal frente a sóviets con apoyo armado

El Gobierno Provisional prometió elecciones y libertades, pero mantuvo a Rusia en la guerra y pospuso la reforma agraria hasta una Asamblea Constituyente. El Sóviet de Petrogrado representaba obreros y soldados y podía influir sobre guarniciones. Ese doble poder era inestable: órdenes, legitimidades y expectativas se superponían.

Lenin regresó en abril y defendió paz, tierra y todo el poder a los sóviets. Los bolcheviques eran inicialmente minoritarios. Las Jornadas de Julio fueron reprimidas; después, el intento del general Kornílov de avanzar sobre Petrogrado desacreditó a la derecha y permitió armar a fuerzas soviéticas. Para otoño, bolcheviques ganaron mayorías en sóviets clave mientras el Gobierno perdía apoyo.

Una insurrección organizada dentro de una crisis mucho más amplia

El Comité Militar Revolucionario ocupó puentes, estaciones, telégrafos y puntos estratégicos de Petrogrado. El Palacio de Invierno cayó con menos combate del que mostraría la propaganda posterior. El Segundo Congreso de los Sóviets aprobó decretos de paz y tierra, aunque socialistas moderados abandonaron la sesión denunciando el golpe.

Los bolcheviques no controlaban automáticamente todo el antiguo imperio. Disolvieron la Asamblea Constituyente en enero de 1918 tras quedar por detrás de los socialrevolucionarios. El tratado de Brest-Litovsk sacó a Rusia de la guerra a costa de enormes territorios. La guerra mundial había abierto el poder y también condicionó las primeras decisiones.

La revolución se transformó durante una guerra de supervivencia

Entre 1918 y 1921, el Ejército Rojo combatió a fuerzas blancas diversas, movimientos nacionales, campesinos y potencias extranjeras. Los blancos no ofrecían un proyecto común y operaban separados; los bolcheviques controlaban el centro, ferrocarriles y una dirección unificada. Ambos bandos ejercieron terror. Hambre, epidemias y requisas causaron sufrimiento masivo.

El comunismo de guerra centralizó producción y grano; la Nueva Política Económica de 1921 permitió mercados limitados ante colapso y rebeliones. En 1922 nació la URSS. Aquella guerra condicionó la posterior Guerra Fría: militarizó instituciones y redujo pluralismo, por lo que el régimen resultante no fue simplemente el programa de octubre aplicado sin cambios. La revolución abrió demandas de paz, tierra y participación; su desenlace concentró poder en un partido y transformó el siglo XX.

Las mujeres ocuparon un lugar más amplio que la imagen de dirigentes varones. Trabajadoras textiles iniciaron las protestas del Día Internacional de la Mujer que desencadenaron febrero; campesinas sostuvieron hogares y reclamaron tierra; batallones femeninos simbolizaron la defensa del esfuerzo bélico. Tras octubre se aprobaron reformas sobre matrimonio, divorcio y derechos civiles, pero guerra y escasez limitaron su aplicación y el Estado posterior revirtió parte de esa apertura. Mirar género separa la legislación proclamada de la experiencia cotidiana y muestra que la revolución movilizó expectativas sociales que ningún gobierno controló por completo.

Las periferias del imperio siguieron trayectorias propias. Finlandia declaró independencia; Ucrania fue escenario de gobiernos y ejércitos enfrentados; Polonia recuperó un Estado y combatió a la Rusia soviética; en el Cáucaso y Asia Central coexistieron proyectos nacionales, socialistas e imperiales. La revolución fue rusa por su centro político, pero también la descomposición de un imperio multinacional. Compararla con la Revolución china permite ver diferencias: allí el proceso se prolongó décadas y el campesinado armado ocupó otro papel. Las categorías no deben borrar cronologías y sociedades específicas.

Los archivos abiertos tras 1991 ampliaron documentos disponibles, aunque propaganda, memoria y lagunas siguen exigiendo contrastar voces.