La neurogénesis: nuevas neuronas en cerebros que cambian

Por Equipo editorial de SimplaoActualizado el 22 de julio de 2026Lectura aproximada: 4 min

La neurogénesis fabrica neuronas mediante una secuencia de división, maduración e integración

La neurogénesis es el proceso por el que células progenitoras producen neuronas nuevas que después deben sobrevivir, diferenciarse y conectarse con un circuito. Durante el desarrollo embrionario construye gran parte del sistema nervioso. En el cerebro adulto de varios mamíferos persiste en regiones concretas, especialmente en el giro dentado del hipocampo. Nacer no basta: muchas células desaparecen y solo una fracción madura, extiende axones y dendritas, recibe señales y participa en la actividad de redes ya formadas.

Este recorrido distingue neurogénesis de neuroplasticidad. La plasticidad incluye cambios en fuerza sináptica, conexiones, mielina y organización funcional sin necesidad de crear neuronas. También evita otro error: encontrar células que expresan una proteína asociada a inmadurez no demuestra por sí solo que sean neuronas recién nacidas. Hay que combinar marcadores, morfología, edad celular y, cuando es posible, seguimiento de linaje.

Los nichos conservan señales que permiten a algunas precursoras dividirse sin perder todo su potencial

En roedores adultos, el nicho mejor estudiado está en la zona subgranular del giro dentado. Células madre neurales relativamente quiescentes se activan, generan progenitores y producen neuronas granulares. Estas atraviesan semanas de maduración durante las que son especialmente excitables y sensibles a la experiencia. En muchos mamíferos existe además producción ligada a la zona subventricular, aunque su destino y persistencia difieren entre especies.

Vasos sanguíneos, astrocitos, microglía, matriz extracelular y señales químicas forman parte del nicho. No es una fábrica aislada: inflamación, hormonas, actividad del circuito y metabolismo cambian probabilidades de división y supervivencia. La edad reduce con fuerza el proceso en animales, pero no lo apaga de la misma manera en todos. Comparar especies exige evitar que resultados robustos en ratón se presenten como hechos humanos equivalentes.

En adultos humanos la pregunta no es solo si ocurre, sino cuánto, hasta qué edad y con qué función

Estudios de tejido humano han llegado a resultados distintos. Algunos detectan células inmaduras en el hipocampo durante gran parte de la vida; otros encuentran una caída pronunciada hasta niveles difíciles de demostrar. La discrepancia puede depender de conservación del tejido, intervalo tras la muerte, anticuerpos, enfermedades, edad y criterio para identificar una neurona nueva. Una muestra negativa tampoco prueba ausencia absoluta si el proceso es raro.

Métodos usados en animales, como incorporar marcadores durante la división, casi nunca son posibles en personas sanas. Se han empleado datación con carbono 14, muestras quirúrgicas y análisis de expresión, cada uno con límites. Por eso las afirmaciones responsables separan tres niveles: evidencia clara durante el desarrollo, evidencia experimental fuerte en varios mamíferos adultos y una magnitud humana adulta todavía discutida. La controversia es metodológica, no una elección entre cerebros fijos o mágicamente renovables.

Las nuevas neuronas podrían ayudar a distinguir experiencias parecidas sin almacenar recuerdos completas

En modelos animales, reducir o aumentar neurogénesis del hipocampo modifica algunas tareas de memoria. Una hipótesis importante es la separación de patrones: representar como distintos dos lugares o episodios muy semejantes. Las células jóvenes, más plásticas durante una ventana temporal, podrían añadir capacidad para codificar información nueva y favorecer el olvido adaptativo de detalles que interfieren.

Eso no significa que cada recuerdo necesite una neurona nueva ni que más sea siempre mejor. El hipocampo trabaja con corteza, interneuronas y redes preexistentes, y las manipulaciones experimentales pueden afectar inflamación o comportamiento además del nacimiento celular. Una mejora en una prueba de roedores no se traduce automáticamente en memoria cotidiana humana. El valor del modelo está en formular mecanismos comprobables, no en vender una reserva ilimitada de neuronas.

Actividad física y entorno cambian el proceso en animales, pero no ofrecen una receta directa para humanos

El ejercicio voluntario y entornos enriquecidos suelen aumentar proliferación o supervivencia neuronal en roedores. Estrés crónico, inflamación y ciertos tratamientos pueden reducirlas, mientras algunos antidepresivos tardan semanas en modificar el nicho. Estas asociaciones ayudan a estudiar depresión, epilepsia y deterioro cognitivo, pero la neurogénesis no explica por sí sola sus síntomas ni la respuesta terapéutica.

Hacer ejercicio sigue teniendo beneficios humanos bien establecidos para salud cardiovascular, sueño, ánimo y cognición, aunque no podamos atribuirlos a contar neuronas recién nacidas. Ningún suplemento comercial ha demostrado regenerar de forma dirigida el hipocampo de una persona sana. La barrera no es solo producir células: deben convertirse en el tipo correcto, llegar al lugar adecuado e integrarse sin alterar el equilibrio del circuito ni formar tumores.

Convertir neurogénesis en terapia requiere controlar identidad, conexión y seguridad

Tras un ictus o una lesión, aparecen señales proliferativas, pero la reparación espontánea suele ser insuficiente. Investigadores exploran activar precursoras propias, trasplantar células o reprogramar células gliales. Cada estrategia enfrenta supervivencia, vascularización, respuesta inmune y conexiones funcionales. Las células madre no saben por sí solas dónde conectarse y una neurona viva pero mal integrada puede no restaurar la función.

La neurogénesis ofrece una idea poderosa y limitada: ciertos cerebros conservan capacidad de fabricar neuronas después del desarrollo, pero esa capacidad está regulada y no equivale a regenerar cualquier región. Comprender cuándo una célula nace, madura y mejora una red es más importante que demostrar su mera presencia. Resolver el debate humano exigirá tejidos mejor caracterizados, técnicas compatibles y resultados reproducibles entre laboratorios.

También será necesario acordar qué cuenta como evidencia: una célula con aspecto inmaduro, una fecha de nacimiento estimada y una neurona integrada responden a preguntas distintas. Separarlas evita que un hallazgo parcial se anuncie como renovación completa del cerebro adulto.