La estratosfera comienza sobre la tropopausa y termina cerca de 50 kilómetros
La estratosfera es la capa de la atmósfera situada sobre la troposfera y bajo la mesosfera, aproximadamente entre 10-18 y 50 kilómetros de altura. Su base cambia: es más baja sobre los polos y más alta en los trópicos. La frontera inferior es la tropopausa; la superior, la estratopausa. No existe una membrana entre capas, sino cambios graduales en la tendencia de temperatura, composición y estabilidad del aire. Allí la temperatura aumenta con la altura porque el ozono absorbe radiación ultravioleta solar, calentando el entorno.
Contiene aire extremadamente tenue comparado con la superficie y la mayor parte de la masa atmosférica sigue debajo. Aviones comerciales vuelan normalmente en la troposfera alta o cerca de la tropopausa, no en la estratosfera profunda. Globos científicos sí alcanzan decenas de kilómetros, donde la presión es tan baja que se expanden enormemente antes de estallar.
La temperatura aumenta con la altura porque el ozono absorbe energía solar
En la troposfera, el suelo calienta el aire desde abajo y la temperatura suele disminuir al ascender. En la estratosfera, ozono y oxígeno absorben radiación ultravioleta y transforman parte en calor. La parte superior recibe más radiación energética y puede ser mucho más cálida que la inferior. Esa inversión térmica define la capa mejor que una altura fija.
Tener aire más cálido sobre aire frío crea estabilidad frente a movimientos verticales. Por eso hay menos convección que en la troposfera y las tormentas no se desarrollan normalmente allí. Estable no significa inmóvil: existen vientos intensos, ondas, circulación global y episodios de calentamiento súbito que pueden alterar el vórtice polar en pocos días.
La capa de ozono es una región de concentración elevada dentro de la estratosfera, no una cubierta sólida
Aproximadamente el 90 % del ozono atmosférico se encuentra en la estratosfera. La radiación UV rompe O₂; átomos libres se combinan con otras moléculas de oxígeno y forman O₃. El ozono absorbe UV y se destruye de forma natural en un ciclo continuo. Su concentración máxima suele estar entre unos 15 y 35 kilómetros y cambia con latitud y estación.
Si todo el ozono de una columna se comprimiera a presión superficial formaría sólo unos milímetros. Aun así, bloquea gran parte de la radiación UV-B y casi toda la UV-C biológicamente dañina. La capa de ozono no evita toda radiación ultravioleta ni es lo mismo que el ozono troposférico, que cerca del suelo actúa como contaminante.
Frío extremo, nubes polares, cloro y luz primaveral producen la pérdida antártica
Los CFC son estables en la baja atmósfera y alcanzan la estratosfera, donde la radiación libera cloro. En el invierno polar se forman nubes estratosféricas sobre cuyas partículas se activan compuestos de cloro. Cuando vuelve la luz en primavera, reacciones catalíticas destruyen ozono con rapidez. El vórtice antártico aísla el aire y favorece un agujero intenso.
El Protocolo de Montreal redujo sustancias agotadoras y las evaluaciones indican recuperación a largo plazo, aunque estos gases duran décadas. El agujero no es una abertura sin aire ni la causa principal del calentamiento global. Ozono y clima interactúan, pero los gases de efecto invernadero dominan el calentamiento superficial mientras tienden a enfriar la estratosfera media y alta.
La estratosfera transporta ozono desde los trópicos y puede conservar aerosoles durante años
La circulación Brewer-Dobson eleva aire en los trópicos, lo desplaza hacia latitudes altas y lo hace descender. Así, aunque gran parte del ozono se produce en regiones tropicales, la columna puede ser mayor en latitudes medias y altas. Ondas procedentes de la troposfera impulsan esta circulación y conectan ambas capas.
Erupciones explosivas pueden inyectar dióxido de azufre por encima de la tropopausa. Allí forma aerosoles que reflejan luz y enfrían temporalmente la superficie, mientras calientan la estratosfera y alteran química del ozono. No todo volcán alcanza esa altura; ceniza y gases que quedan abajo se eliminan mucho antes por lluvia y mezcla.
Satélites, globos y lidar vigilan una capa que también puede afectar el tiempo de superficie
Instrumentos desde tierra miden la columna de ozono; sondas en globo obtienen perfiles; satélites cartografían gases y temperatura; lidar envía pulsos láser. Cada método tiene cobertura y resolución distintas. Un valor total bajo no indica por sí solo a qué altura ocurrió el cambio, y un perfil local no representa todo el hemisferio.
Cuando el vórtice polar se debilita o cambia, sus efectos pueden propagarse hacia abajo y modificar probabilidades de frío semanas después. No permite pronosticar el tiempo sólo observando la estratosfera, pero mejora modelos. Esta capa demuestra que "arriba" no significa aislado: filtra radiación, responde a química humana y se comunica dinámicamente con el clima donde vivimos.
Volar o liberar material en esta capa produce efectos diferentes a hacerlo cerca del suelo
Aviones supersónicos y cohetes pueden emitir vapor, nitrógeno y partículas a alturas donde la eliminación es lenta y la química difiere. Su impacto depende de altitud, latitud, combustible y frecuencia. No toda estela llega a la estratosfera ni cada lanzamiento altera de forma medible la capa de ozono, pero el crecimiento de actividad exige inventarios y modelos.
Propuestas de inyectar aerosoles para reflejar luz solar imitan parte del efecto volcánico. Podrían enfriar temporalmente la superficie, pero cambiarían precipitación, química del ozono y distribución regional sin retirar CO₂. La troposfera seguiría acumulando carbono y el océano acidificándose. La estratosfera ofrece persistencia; precisamente por eso intervenirla plantea riesgos y gobernanza global.



