El punto crítico: donde líquido y gas dejan de distinguirse

Por Equipo editorial de SimplaoActualizado el 1 de agosto de 2026Lectura aproximada: 4 min

El punto crítico es donde líquido y gas dejan de ser fases distinguibles

El punto crítico de una sustancia es la combinación concreta de temperatura y presión en la que termina la curva de equilibrio entre líquido y vapor. Al acercarse, la densidad del líquido disminuye y la del vapor aumenta hasta igualarse; desaparece la superficie que los separaba. Por encima quedan conectados en una sola fase llamada fluido supercrítico. No es el punto de ebullición normal ni el punto triple, aunque los tres aparezcan en el mismo diagrama.

Cada sustancia tiene temperatura y presión críticas propias. Para el dióxido de carbono son aproximadamente 31,1 °C y 7,38 MPa; para el agua, cerca de 374 °C y 22,1 MPa. Por encima de la temperatura crítica, comprimir un gas no produce una transición brusca a líquido: se obtiene un fluido cada vez más denso. En cambio, por debajo sí puede cruzarse la línea de coexistencia mediante presión o enfriamiento.

Cómo leer el final de la curva de vaporización

Un diagrama presión-temperatura divide regiones estables de sólido, líquido y gas. Las líneas indican coexistencia de dos fases; su encuentro es el punto triple. La línea líquido-vapor asciende y termina en el punto crítico porque, a partir de ahí, no existe diferencia de simetría entre ambas fases. Rodear el extremo por la zona supercrítica permite transformar líquido en gas sin cruzar una frontera y sin observar ebullición.

La presión crítica es la presión de ese extremo, no una presión universal a partir de la cual cualquier gas se licua. Tampoco basta superar solo una coordenada: un estado supercrítico requiere temperatura y presión por encima de sus valores críticos. El nombre punto crítico aparece en otros campos para transiciones magnéticas, mezclas o ecuaciones de flujo, pero aquí se refiere específicamente al final de la coexistencia líquido-vapor.

Cerca del punto crítico, las fluctuaciones alcanzan muchas escalas

Muy cerca del punto crítico surgen regiones microscópicas algo más densas o menos densas que cambian continuamente. Su tamaño de correlación crece y la compresibilidad aumenta. Cuando esas fluctuaciones dispersan luz visible, el fluido puede verse lechoso: es la opalescencia crítica. No son burbujas corrientes; reflejan que la distinción entre las fases se vuelve inestable a escalas cada vez mayores.

Propiedades de sustancias diferentes muestran comportamientos matemáticos parecidos al aproximarse al punto crítico. Esta universalidad permite describir sistemas mediante exponentes críticos que dependen más de dimensionalidad y simetría que de detalles moleculares. La teoría conecta termodinámica con física estadística: una gráfica macroscópica de presión y temperatura emerge de correlaciones colectivas entre enormes cantidades de partículas.

Un fluido supercrítico combina densidad ajustable y buena difusión

El dióxido de carbono supercrítico se usa para extraer cafeína, aromas o compuestos naturales. Su densidad puede acercarse a la de un líquido y darle capacidad disolvente, mientras su viscosidad y difusión recuerdan más a un gas. Al reducir la presión, el CO₂ se separa del extracto sin dejar el residuo de algunos disolventes orgánicos. Esto no lo vuelve automáticamente ecológico: comprimir, calentar y recuperar el fluido consume energía y requiere equipos resistentes.

El agua supercrítica es mucho más exigente por sus condiciones extremas y su corrosividad, pero puede oxidar residuos o participar en procesos hidrotermales. En generación eléctrica, ciclos con CO₂ supercrítico buscan turbomáquinas compactas y buena eficiencia. La palabra supercrítico no significa radiactivo ni plasma; las moléculas pueden conservarse sin sufrir la ionización que arrancaría electrones.

Cómo se localiza y por qué los modelos simples fallan cerca

La ecuación de van der Waals reproduce cualitativamente una isoterma crítica al imponer que la curva presión-volumen tenga pendiente y curvatura nulas en un punto. Explica por qué atracción molecular y volumen excluido permiten condensación, pero predice exponentes críticos de campo medio que no coinciden exactamente con experimentos muy próximos al extremo. Las fluctuaciones, ignoradas por el modelo, se vuelven precisamente dominantes allí.

En laboratorio se sella una cantidad conocida de sustancia y se controla temperatura mientras se observa el menisco. Al aproximarse, líquido y vapor adquieren densidades similares y el menisco desaparece. Medidas de presión, densidad, calor específico y dispersión de luz refinan la localización. Decir que la materia cambia de estado en un único punto oculta lo esencial: el punto crítico es donde deja de existir un cambio de fase líquido-gas de primer orden.

El punto crítico también ofrece una prueba de escala. Lejos de él, las correlaciones moleculares tienen alcance corto y un volumen grande puede dividirse en partes casi independientes. Cerca, fluctuaciones lejanas se conectan y esa separación deja de funcionar. El grupo de renormalización explica cómo al observar escalas sucesivas ciertos detalles microscópicos pierden importancia y sobreviven pocos parámetros. De ahí que un imán cerca de su temperatura crítica y un fluido cerca de su extremo líquido-vapor puedan compartir exponentes bajo condiciones apropiadas. La universalidad no afirma que sean la misma materia, sino que sus fluctuaciones obedecen una estructura colectiva común.

En mezclas binarias existe además una composición crítica: dos líquidos parcialmente miscibles pueden volverse indistinguibles al variar temperatura. Allí fluctúa la concentración, no solo densidad. Esto amplía el concepto sin convertir cualquier umbral en punto crítico termodinámico. La palabra exige una transición definida, variables de orden identificadas y comportamiento reproducible cerca del extremo.